Los mejores textos de los estudiantes de la Université de Nantes, aquí en "Galdós vive"

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Lettres Modernes et Info-Com

Estudiantes InfoCom de la Université de Nantes y periodistas envían sus comentarios sobre El abuelo

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Un texto de Galdós llevado a la gran pantalla

dimanche 18 avril 2010

Galdós y el clero


En su obra, el escritor Benito Pérez Galdós trata de numerosos temas de sociedad mayores y se interesa particularmente en la religión. En efecto, en la España del siglo diecinueve, la religion, sobretodo católica, y mas concretamente, el dero, han tenido y tienen un papel muy importante en la sociedad. Eran elementos contra los cuales Galdos ha seguido sublevándose. Durante toda su vida, fue tachado de ser anticlerical.
Lo que trataba de hacer Galdos, a través de su obra pero también de sus compromisos politicos y publicos, era denunciar la intransigencia de la Iglesia con respecto a la libertad de expresión. Era firmemente opuesto al poder del clero y denunciaba los abusos de autoridad que practicaba sobre los fieles. Describia al clero como a una institucion corruptiva, desordenada y salvajemente opuesta a toda forma de progreso. Acusaba claramente al clero de ser un freno a la evolución de España y consideraba con mucho interés los otros paises europeos donde la religión también habia sido muy importante pero la población había revolucionado su manera de pensar, introduciendo en las almas las palabras igualdad, laicidad y libertad.
Galdós era partidista de una vuelta a ciertos valores de la religión y a un tipo de puritanismo. Al llegar a Madrid, descubrió al krausismo. Esta filosofia, resultante de Krause, pensador alemán, le sedujo por varios aspectos, pero sobre todo porque la religión y la moral constituían en sus postulados como Galdós, un rechazo al misticismo religioso para favorecer un pensamiento racionalista y educado. Condenan al "teatro oscuro" del fanatismo que esconde la corrupción y destruyó la tolerancia, un valor central del pensamiento galdosiano. El krausismo fue, en su tiempo, identificado como una forma de democracia.
A pesar de todo, hay que subrayar que , aunque sea verdaderamente anticlerical, Galdós no era en nada antirreligioso. Creía en Dios y ciertos aspectos de la religion han estado muy presentes en su obra, abogaba por la libertad de cultos. Eso mismo forma parte muy importante de las personalidades de varios de sus héroes. Tres novelas ilustran bien esto : Nazarin, Gloria y Misericordia. Son tres obras que Galdós escribió en sus últimos años de creatividad y que ponen en escena personajes con autentica espiritualidad y fe. En Nazarin, se trata de un cura que decide vivir a la manera de JesuCristo. En Gloria, Galdós se interesa en las relaciones que cultivan las diferentes religiones, y en la eterna pregunta de cuál será la mejor. Cuenta la historia de una católica que va a casarse con un judio si saberlo. Para terminar, en Misericordia, desarolla el tema mismo de su título, poniendo en escena una mujer que va a alargar la mano para que su señora tuviera lo que quisiera.
De hecho, la religion fue, y continua siendo hoy, un elemento muy importante de la vida española. Galdós soñaba con un pais donde poder y fe no estuvieran en la mismas manos pero incluso hoy, no es asi en España. Atribuía mucha importencia a la libertad de pensar y de fe y creía en la posibilidad de una sociedad mas tolerante y evolucionada hacia otro punto "mejor", sin tener miedo del clero, de las jerarquías eclesiásticas. Fue su manera de actuar y pensar y por eso fue tachado de ser anticlerical.
Anaëlle Letrémy, Université de Nantes

mardi 9 février 2010

La Conjuración de las palabras y la Revolución

En La Conjuración de las palabras, Benito Pérez Galdós nos cuenta la rebelión de las palabras de la lengua española, considerándose maltratadas por los autores. Escrito en abril de 1868, presagiaba ya la Revolución “Gloriosa” que ocurrió solo cinco meses después. Entonces tres elementos cracterizan este texto: primero, la declaración de amor de la lengua castellana, segundo su poesía y por fin la alegoría de la situación española del año 1868. De una cierta manera, La conjuración es un texto que ilustra el amor de don benito por la lengua. A través de su “templo”, el Diccionario, el autor describe un “gran monumento”, un laberinto maravilloso, que suscita la admiración y la deferencia. La lengua es casi una fuente de culto, una fuerza sobrenatural para Galdós. El tono general del cuento ilustra esta admiración: el espectáculo que ofrecen las palabras es “magnífico y sorprendente” y las hipérboles omnipresentes refuerzan el sentimiento extraordinario de la historia y de los personajes que son las palabras. Así, percibimos una verdadera intensidad en la visión ofrecida por Galdós quién espera una revolución lingüística para que el castellano afirme su vitalidad, su hermosura y su riqueza. A la manera de Raymond Queneau o de Georges Pérec y de su “revolución” de la lengua francesa, Galdós hace vivir la lengua y no habla sino que la hace hablar.
El aspecto poético de este cuento es típico de un cuento tradicional. Se trata de héroes y de guerreros, de una aventura también. Leyéndolo, recordamos Le conte du Graal u otras obras medievales. La personificación de las palabras es el elemento mas importante de la poesía de este texto. En efecto, esta figura literaria es la más típica de un sentido mas o menos escondido. Las palabras hablan y se mueven como los personajes tradicionales de los cuentos, creando una incongruencia extraordinaria que sin duda divierte al lector. Ver las palabras “sentido” y “común” en una altercación es muy poético. Las asociaciones de expresiones crean un choque que produce una significación importante. La Filosofía y La Música, el Sentimiento y la Razón, el Mal y Necesario son unos ejemplos de estas articulaciones que denunian o relativizan. En este cuento, Galdós “anima” el proceso lingüístico. Las palabras se combinan, se atraen o se rechazan, como las idean que le componen.
Este texto es más que un hermoso texto. Es también una denuncia y un anunciación. En efecto, Galdós hace a sus palabras hablar para criticar ciertas injusticias o absurdos de la sociedad española y humana en general. Este revolución anuncia claramente la de septiembre de 1868 que supuso el destronamiento de la reina Isabel II. En un periodo de crisis económica, política y social en España, el levantamiento parecía inevitable y en este tiempo de confusión, Galdós describió en La Conjuración el futuro inmediato de España. Sin embargo, su texto se termina con el fracaso de la revolución, la realidad fue diferente. El Hombre esta descrito com otravieso y hablador, el Sentido Común se vuelve el Símbolo de la tontería , la Morale esta en un rincón, lejos de los espíritus y al final el Arte y la Paz se conjugue. Por fin, los trastornados asuntos de la Lengua Castellana son los de la sociedad española de 1868.
El Flos Sanctorum, libro de los mártires, es como la Iglesia, testigo impotente de la revolución en marcha. En este cuento, Benito Pérez Galdós, no solamente nos ofrece un texto divertido y malicioso pero nos ofrece también un texto fuerte y lúcido sobre la situación política española. Detrás de la historia incongruente de las palabras se esconde la realidad de una sociedad enferma a punto de explotar, donde los adjetivos, los pronombres, los verbos, y los otros son los actores de la cólera del pueblo.
Jean Annaix. Université de Nantes.

La Conjuración de las palabras

La Conjuración de las palabras para Benito Pérez Galdós supone una narración metafórica sobre los trastornados asuntos de la lengua castellana. Describe en este texto las palabras como una sociedad feudal en que cada uno tiene sus obligaciones y su clase. Al fin de cuentas, Galdós muestra que, a veces, las palabras no se llevan bien, no tienen buena relación evocando una alegoría en la dificultad que tiene un escritor en cierto modo eligiendo las buenas palabras.
Al principio, Galdós establece el diccionario como un tipo de fortaleza donde residen todas las palabras. En esta habitación, las palabras se ordenan en clase y en deber dependiendo de su origen etimológico y su posición. Explica que las palabras que vienen de abolengo (latín o árabe) son nobilísimas y tratan a las otras con desprecio, éstas son por tanto “sin alcurnia antigua, en calidad de emigradas, e indígenas”. Cuando las palabras salen de la fortaleza, cada una tiene un deber según su carácter gramático. Los verbos, o los señores, son los más importantes, sin ellos no se hace cosa a derechas en aquella República. Sólo las conjunciones, especialmente que son inmunes a su poder. Después los sustantivos, o los caballeros dependen de los verbos para dar sentido. Pero los sustantivos son muy poderosos también porque tienen muchos servidores. Los artículos sirven como escudos, los adjetivos sumplen órdenes, y los pronombres se ponen a sustituir. Finalmente, Galdós humaniza las palabras atribuyéndoles características y comportamientos humanos. Por jemplo, las letras que forman una palabra representan la ropa, los fragmentos de frase se alzan y se combaten y argumentan. Esta obra de Galdós podría ser –sin duda- un estudio de la sociedad humana a traves de las palabras.

James Donovan. Université de Nantes.

dimanche 7 février 2010

La discreción

Supongamos que se nos preguntará cuál es la condición que estimamos más en un hombre. Supongamos que entre todas las bellas condiciones que pueden adornar y realzar a una persona se nos diera a elegir. Si hubiéramos de determinar todas las condiciones que deben hacer estimable y admirable a un hombre, nuestra respuesta no sería ni un mmento difícil ni dudosa. Pero en el caso de elegir una sola de dichas cualidades, ¿no nos veríamos un poco perplejos y comprometidos? “Yo estimo la bondad, diría uno, yo estimo la inteligencia, añadiría otro Yo señores –añadiría arrogantemente otro- pongo el valor por encima de todo”.
Todas estas contestaciones serían plausibles y merecerían la más calurosa aprobación de todos. Pero he aquí que un hombre que en tal concurso hubiera estado callado, reflexionando, dijera de pronto: “Pues yo lo que más alto pongo en una persona es la discreción.” Si todas las respuestas y pareceres anteriores hubieran suscitado discusión, razonada discusión, es seguro que todos, al oíe estanueva contestación, reflexionaríasocial, en la vida diaria, como en la vida política, como en todo, lo indispensable, por encima de todo, es la discreción. Se puede prescindir de todo; un hombre puede ser mediocremente bueno, mediocremente inteligente, mediocremente valerososo; pero de lo que no se puede prescindir, pero lo que haría imposible, totalmente imposible, la vida, es la falta de discreción.
Tal razonamiento sería muy justo. Ahora bien, ¿qué es la discreción? La inteligencia, el valor y la bondad tienen un relieve positivo, son como algo tangible, como algo que se puede tocar, se exterioriza en mil obras y hechos que todo el mundo ve y sobre los cuales todo el mundo puede lanzar su juicio. Hay multitud de cosas que todo el mundo ve, aun los más torpes, que son buenas, valerosas e inteligentes. Pero la discreción es algo sutil, imponderable, impalpable; la discreción es un acomodamiento rápido, instantáneo, a las circunstancias del momento. Y las circunstancias del momento varían, cambian, adquieren mil caracteres y aspectos que es difícil, sumamente difícil, apreciar en el acto, en el instante en que necesitan ser apreciadas.
Dice Maquiavelo en el capítulo XXII de Il Príncipe que existen tres clases de cerebros. Los primeros son aquellos que comprenden las coss por sí mismos; los segundosson los que las comprenden cuando se las explican, y los terceros son los que no las comprenden ni por si mismos ni cuando se las explican. Los primeros de etsos espíritus son discretos; los segundos pueden ser también capaces de discreción. Pero ¿cómo podrán ser los terceros? ¿Cómo podrán ser discretos aquellos hombres queno entienden las cosas ni cuando las ven ni cuando se las explican?
Muchas veces tropezamos en la vida con hombres de esta naturaleza. Un caso suele ocurrir que por lo frecuente toca en los linderos de lo vulgar. Muchas veces, en una tertulia o reunión de personas discretas, se suele introducir ocasionalmente, un hombre cuyos hábitos de conducta y de palabra están en pugna con el tono general de la tertulia. Los contertulios ven con disgusto la intromisión desagradable de tal personaje. Todos desean que el aludido cese en sus visitas diarias y deje de conturbar con su presencia la apacible reunión. Nadie se atreve a decir nada. Todos, mentalmente, se vuelven hacia el dueño de la casa para que como el más autorizado, con una alusión discreta suya haga de modo que el desagradable visitante comprenda su ioportunidad y deje de concurrir a la tertulia. Un día, en efecto, el dueño de la casa dirige una velada indirecta al intruso. Todos los contertulios esperan que la advertencia sea comprendida. Sin embargo, el amigo conocido molesto no se da por enterado y continúa concurriendo a la tertulia.
¿No es esto una falta enorme de discreción? ¿Qué recurso le quedará al dueño de esta casa que hemos supuesto para que la persona molesta cese en sus visitas, se marche y deje en paz y en armonía a esta reunión de amigos? Si la persona molesta ha entrado en la casa bruscamente, dando gritos, casi atropellando a los moradores de la casa, ¿se podrá esperar que en tan dura epidermis haga mella y sea eficaz una alusión velada, culta, discretísima, del dueño de la casa? ¿Qué medios, invalidados los de la buena educación, habrá que emplear con el visitante inoportuno para que éste comprenda la situación violenta en que se halla?
Razón tenía Nicolás Maquiavelo, el finísimo político florentino. Pero en la clasificación de espíritus que él hacía habría que colocar una cuarta categoría. La de aquellos que comprenden las cosas, pero que hacen como si no las comprensieran. Y estos son los peores. Azorín. ABC, 7 febrero, 1910.

samedi 6 février 2010

La depresión


La película El abuelo de José Luis Garci, que es un adaptación de la novela dialogada de Benito Pérez Galdos, trata de muchos temas diferentes. Por ejemplo, el tema de la vejez y de la depresión sigue el personaje principal, al abuelo Albrit, hasta el desenlace.
En efecto, el abuelo, envejeciendo, se encuentra de frente a la soledad, a causa de la muerte trágica de su hijo. Además, su soledad será amplificada por algunas personas que son desagradables e irrespetuosas con él, mientras que el abuelo habia ayudado a todos en el pasado. De hecho, la ingratitud está presente de contínuo y sume al abuelo en el desasosiego. La presencia de las hijas de su difunto hijo ayuda el viejo Conde Albrit a vencer su depresión, y a disimular su deseo de suicidio gracias a la felicidad que tiene con las niñas Dolly y Nelly.
El personaje del abuelo revela su depresión escondida en la escena cuando se entera de que su amigo Pio quiere morir. Pio esta en efecto muy triste a causa del hecho de que sus hijas no le quieren y le maltratan. Es por eso que el desgraciado anciano decide de suicidarse. Pero no tiene suficiente coraje para tirarse al mar. Cuando revela su proyecto secreto, su amigo Albrit reacciona de manera sorprendente : propone su ayuda a Pio, empujándole al acantilado. Esto prueba que el abuelo comprende completamente este deseo de morir porque ha sentido ya este sentimiento.
Sin embargo, mas tarde, Lucrecia, la ex-mujer de su hijo, opta por llevar a Nelly y Dolly con ella, a Madrid, y por ello, dejar al abuelo completamente solo. El pobre viejo hombre decide entonces tirarse al acantilado, con su amigo fiel Pio. Afortunadamente, al final, Dolly, su niña preferida llega, y salva, probablemente sin saberlo, a los dos ancianos. La niña se queda para ocuparse de ellos y, en realidad, trae mucha felicidad. Finalmente, la juventud transmite a la vejez, su alegría de vivir…

Mathilde PICHOT. Université de Nantes.

jeudi 4 février 2010

La crisis finisecular : decadencia y modernidad en El Abuelo


La película El Abuelo de José Luis Garci, una adaptación de la última novela dialogada de Benito Pérez Galdós, retrata de una manera más bien realista la sociedad española de fin de siglo. Benito Pérez Galdós dijo, en su discurso de entrada en la Real Academia española en 1897 había convencido a todos de lo que debía ser la novela: "La sociedad presente como materia novelable". A Galdós, le gustaba tratar este tema y es una constante en todas sus obras. Además, es un tema muy representado en la literatura española de los autores realistas de su misma generación. Aunque la transición entre dos siglos no tiene ninguna significación” natural” en España, contrariamente a Francia en esa misma época, es un momento vivido como un seguro sentimiento de decadencia. No hay en España una “Belle époque”. El retraso del país económico y social, no lo permite por su decandencia este triunfo en la industria o el comercio. La crisis “finisecular” para España es sinónimo del fin del “Sueño Americano”, de la crisis económica, de la irrupción del movimiento obrero y del miedo a una revolución. Un sentimiento de nostalgia se encarna en el personaje del Conde Albrit, el abuelo, que vuelve de las Américas y que ha perdido toda su fortuna. Espejo de la antigua España, este patriarca de la aristocracia rural muy austero, autoritario, devoto, lucha por el honor de su familia y vive en la esperanza de ver su nombre perpetuarse. Nostálgico de una sociedad de los órdenes y de los hidalgos ya pasada y onírica, el abuelo parece que se eterniza en un mundo que va desmoronándose a cada paso. Todo a su alrededor, sus amigos, sus servidores fieles de antaño le traicionan, su honor, le fuerzan a ingresar en el convento que es cárcel. Sobre todo, para él, es la muerte infeliz de su hijo que precipitado en una melancolía inconsolable al imagen de la antigua sociedad española. El abuelo es la figura de un aristócrata nacionalista, xenófobo, desencantando y desdeñada que ya no puede afirmarse frente los nuevos valores de la modernidad. Sin embargo, una segura permanencia de estos valores aparecía en el comportamiento del personaje de Lucrecia Richmond tras su bondad, su mecenazgo y sus relaciones. Pero, hace figura mas bien de esta alta burguesía urbana que imita la aristocracia y además intenta durante el siglo, al tomar el poder político después el económico que sustituye al antiguo poder aristocrático. El personaje de Lucrecia representa verdaderamente esta transición finisecular porque aparece además como la figura muy moderna de la mujer que se libera de su minoría. Es a la vez, esta mujer romántica que escucha su corazón y esta madre fuerte, cariñosa y sola. La maquinación de la obra de Galdós, se basa en la confrontación de los caracteres fuertes de los dos protagonistas. Le permite subrayar este fractura generacional y social (más o menos caricaturada a causa de los orígenes ingleses de Lucrecia que fuerzan esta oposición) vivido para los contemporáneos de esta crisis finisecular. El autor construye esta novela sobre la incompatibilidad entre dos mundos que no consiguen tener un compromiso sencillo. La resolución de este conflicto será exterior. Viene del elegir de las hijas de Lucrecia: Nelly -legítima- sigue a su madre a Madrid y Dolly -ilegítima- elige vivir con su abuelo como si no fuera otra solución. Esta conclusión sobre la cual se termina la novela, muestra toda la complejidad de esta sociedad finisecular. Finalmente, no hay una fractura temporal entre la decadencia y la modernidad: las fronteras son porosas. Hay una conservación de valores antiguos que se mezclan con los de la modernidad. Esta novela realista de Galdós pinta una sociedad en mutación y que se busca en una herencia. El presente parece ahora un pasado todavía presente y un futuro en potencia. Galdós no pinta una ruptura pero escoge en mostrarnos una realidad más compleja y complexa. El futuro no tiene ideal y es imprevisible. La obra de Galdós es otra manera de redescubrir y analizar, para sus contemporáneos, nuestro sentimiento de una segura decadencia de los verdaderos valores pero también el de vivir una transición obscura que a veces da miedo. ¿Debemos fiarse de nuestros valores profundos, como Dolly, o como Nelly, apostar sobre las nuevos valores modernos?

Nicolas Bertet. Université de Nantes.

mercredi 3 février 2010

La Administración y La Iglesia

« El Abuelo » (1897) de Benito Pérez Galdós, llevado a la pantalla en 1998 por José Luis Garci, es una novela que hace referencia a ciertas preguntas importantes de la sociedad. Entre ellas, el tema de la Iglesia católica y la situación del Estado son capitales. En la vida de un pueblo, Galdós nos da una visión muy particular de estas dos instituciones. La vida social española del fin del siglo XIX se articulaba en torno a la fe y a la administración, dos poderes cuya influencia eran el pilar del reino de Alfonso XIII. Alrededor de la condesa Lucrecia Richmond y del conde Albrit, se puede percibir esta omnipresencia. En particular con el personaje de Senen, empleado público que fue en el pasado criado de la familia Albrit. Por razones despreciables, muestra a la condesa una deferencia que es demasiado grande para ser sincera. Sus objetivos de carrera y sus incesantes peticiones hechas a la condesa ilustran de una cierta manera su deshonestidad y su egoísmo insoportables. Se hace considerar como un servidor celoso pero no es motivado por el respeto sino por su interés personal. Cuando Lucrecia le anuncia que no podrá ayudarle para obtener un mejor puesto en la administración nacional, se vuelve un hombre pérfido haciendo chantaje a la condesa y amenazandola con revelar sus secretos. Finalmente, se va con el anillo de la familia como símbolo del robo del honor de los Albrit. Esta escena demuestra perfectamente la realidad de este personaje codicioso y podrido. A través de ello, Benito Pérez Galdós ataca directamente la administración de su época, descrita como inhumana y basada en los interés de algunos estafadores. Además, todas las personas importantes del pueblo esperan también que la relación de la condesa con un ministro les permitirá obtener las favores de las autoridades.
La Iglesia española esta también descrita de una manera subversiva. Cuando el padre Maroto y los monjes del monasterio de Zaratay, a petición de la condesa, aceptan recoger al conde a cambio de una importante suma de dinero, el lugar se convierte en una especie de cárcel. Como si fuera un verdadero secuestro, los monjes se oponen al conde quién intenta irse de la “cárcel santa”. Esta imagen ilustra sin duda la opresión de la Iglesia sobre la sociedad española del siglo XIX. Como el Estado, la institución religiosa actúa con arreglo a sus interés, demostrando sus intereses económicos, pues el dinero es la esencia misma del funcionamiento de la sociedad. El otro representante del Estado es el ministro infiel con quién Lucrecia tiene una relación amorosa. Esta infidelidad ilustra también un especie de juego de traición.
En “El Abuelo”, Benito Pérez Galdós nos muestra una administración y una Iglesia oscuras e hipócritas. Parece que no sirven a nadie sino a si mismas. Los intereres financieros y personales sustituyen a los de la comunidad y, a través de Senén y el padre Maroto, estas instituciones crean una cierta opresión denunciada por el autor.

Jean ANNAIX. Université de Nantes.